El culto cristiano, origen, desarrollo e influencias posmodernas

Introducción

Si el culto cristiano es un espacio de adoración colectiva a Dios, como se observa en las comunidades de fe del Nuevo Testamento y en especial instrucción paulina de 1 Corintios 14:26-32 ¿por qué las expresiones litúrgicas de la iglesia contemporánea poseen un enfoque individualista? En el Nuevo Testamento es posible encontrar un modelo de liturgia pensado por Pablo para la iglesia que se reunía en Corinto. Este modelo eclesiológico que se encuentra en 1 Corintios 14:26-32 ofrece algunas pautas de lo que Pablo creía que la iglesia debía hacer cada vez que se reunía. Dos de los aspectos más resaltantes son la idea de libertad en cuanto a la participación y el orden con el cual debe encararse dicha participación.

La liturgia o formas de culto a Dios han experimentado grandes cambios a lo largo de la historia. Este aspecto tan importante de la vida cristiana ha sido objeto de múltiples influencias hasta llegar a las formas actuales de adoración en las iglesias evangélicas. En este sentido, haciendo una breve revisión histórica de la liturgia cristiana, es posible observar cómo ésta pasó por diversas etapas: En sus inicios, los creyentes se reunían en las casas para instruirse en la Palabra de Dios, disfrutar de una comunión fraternal y solidaria, adorar al Señor, y animarse mutuamente en la fe. Luego, con la oficialización de la religión cristiana en el Imperio Romano, la liturgia fue unificada por medio de ceremonias rígidas preestablecidas. Más adelante, la Reforma Protestante centró el culto en la exposición adecuada de las Escrituras y la administración adecuada de los sacramentos. Finalmente, las denominaciones evangélicas organizaron la liturgia alrededor del sermón, el canto congregacional y la oración. En todo este proceso vemos una y otra vez el peligro de relegar a la comunidad a una participación pasiva en el culto. (Basurko, 2006, págs. 44 – 49; Rodríguez, 2005, págs. 44-45, 50)

Cuando se piensa en el culto en la actualidad fácilmente se puede identificar que aquel ideal de participación comunitaria ha sido paulatinamente desplazado por un modelo posmoderno de adoración. Esta adoración introspectiva o individualista excluye a los laicos de sentirse parte de la liturgia. El excesivo verticalismo, combinado con cierto pensamiento empresarial capitalista, la secularización de lo sacramental y algunas formas de sincretismo, han causado que el culto en las iglesias evangélicas sea fragmentado en vez de una expresión comunitaria de adoración y edificación de los creyentes. (Palomino, 2011, págs. 73-84; Varela, 2002, págs. 127-136).

Origen y usos del término “liturgia”

La liturgia es uno de los elementos que componen la práctica del culto o servicio de adoración a Dios. La etimología de la palabra liturgia se compone de dos vocablos griegos que derivan de laos (pueblo) y de ergon (obra), con lo que es posible definir en un primer lugar a la liturgia como “la obra o el trabajo del pueblo”. Una definición más amplia es la que Juan Varela recoge de Max Thurian cuando afirma: “El culto cristiano solo puede ser litúrgico, es decir la obra del pueblo, cuando sea toda la comunidad la que celebre el culto, nadie debe estar pasivo, es una verdadera acción comunitaria”. (2002, pág. 36)

La liturgia es el medio por el cual el pueblo de Dios canaliza su adoración y servicio a Dios cuando se reúnen en comunidad. En este sentido, cada elemento que compone la liturgia adquiere un sentido y valor espiritual porque a través de él se está intentando transmitir la devoción y adoración a Dios mismo. Estos elementos que pueden ser las diferentes formas de orar, las lecturas confesionales o bíblicas, canciones, etc conforman la liturgia propiamente dicha pero no así el orden en que deben desarrollarse.

En palabras de Nelson Kirst, la liturgia es “el conjunto de elementos y formas a través de las cuales se produce el encuentro de la comunidad de fe con Dios. Este autor también compara a la liturgia con cualquier intercambio comunicativo entre dos o más personas, los cuales incluyen tanto mensajes verbales como no verbales. En este sentido, la liturgia es ese conjunto de elementos y formas verbales y no verbales que se producen en el culto a Dios. Este conjunto es una totalidad completa, ordenada y organizada, y que transmite a su vez la concepción que una comunidad tiene de Dios mismo. (Kirst, 2000, págs. 2-8)

El conocimiento de la evolución del concepto de liturgia a lo largo de la historia de la iglesia cristiana es de vital importancia a la hora de poder comprenderla en la actualidad. Asi, en épocas anteriores, la liturgia era considerada como un todo misterioso e intocable que debía permanecer fija a través del tiempo como un reflejo de la misma personalidad eterna de Dios. Sin embargo gracias a la contribución de muchos factores y sobre todo el estudio de las modelos culticos del Nuevo Testamento se ha podido llegar a una concepción más amplia de la idea de celebración pública de la adoración a Dios. (Basurko, 2006, págs. 14-15)

Cultura y formas de liturgia

Resulta evidente que las formas de culto contemporáneo tienen y han tenido influencia de una larga tradición. Casi dos mil años de liturgia cristiana y más de mil años de liturgia judía son las que dan origen y significado a las prácticas actuales en las iglesias. En este sentido, la tradición litúrgica de las iglesias evangélicas protestantes comparte 1500 años con la Iglesia Católica Romana. Pero la mayor influencia que recibió el culto cristiano fue la del culto judaico, practicado por Jesús y los primeros cristianos. (Kirst, 2000, págs. 14-16)

De esta manera es posible comprobar como el contexto histórico y cultural ha tenido y tiene influencia sobre las prácticas cristianas. De hecho como afirma Eugene Nida en (Nelson G., 2003, pág. 109) intentar separar el cristianismo de sus diferentes afluentes culturales es una ardua tarea. En este sentido, la cosmovisión de la cultura en la que está inmersa una iglesia determina sus formas de adoración y la estructura de su organización. En contextos donde predomina una concepción jerárquica de la autoridad, es muy probable que se dé mucho espacio a la participación colectiva en el culto. Históricamente, Eduardo Nelson G. lo describe de la siguiente manera:

A medida que la cristiandad entra en el modo de vida de los griegos, encuentra en ellos poco sentido de la adoración congregacional, excepto en aquellos que habían sido influidos por la sinagoga que tenían cerca. Por una parte poco a poco los himnos metrificados de los griegos y de los romanos reemplazan los himnos no metrificados de los judíos. La considerable participación de los adoradores como pasa en la sinagoga, da ocasión en muchas iglesias a una forma en de jerarquía en que el ministro o sacerdote representan al pueblo, tal como el emperador y sus representantes lo hicieron “por” el pueblo en vez de “con” el pueblo. (2003, pág. 113)

La liturgia neotestamentaria

En el Nuevo Testamento, la participación libre de la comunidad en los servicios de adoración a Dios es evidente en pasajes como Hechos 2:42, 1 Corintios 14:26 y 1 Tesalonicenses 5:16-23. A diferencia de la estructura litúrgica del Antiguo Testamento que estaba organizado y categorizado según prioridades ceremoniales, el culto cristiano se abre a la participación de todos los integrantes de la comunidad de fe basado en el principio del sacerdocio universal de los creyentes expresado en 1 Pedro 2:8 y Apocalipsis 20:6. (Varela, 2002, págs. 37-42)

El culto cristiano primitivo se realizaba en primer término en el templo de Jerusalén (Hechos 2:46; 3:1; 5:12) pero cuando ya no eran recibidos en el templo ni en las sinagogas, se realizaron en varias casas particulares (Hechos 5:42; Romanos 16:5; 1Corintios 16:19, Colosenses 4:15, etc.).  Otra característica que es posible identificar del culto de la iglesia primitiva es su enfoque tanto cristocéntrico como su énfasis en las relaciones interpersonales, ejemplo de ello es lo que dice Efesios 5:19, donde se nota que la el acto de adoración es también un estímulo para el otro. El orden era otra de las cuestiones fundamentales a establecer en la iglesia primitiva, esto se ve reflejado en las numerosas indicaciones, en especial del apóstol Pablo a las diferentes iglesias de cómo debían llevar adelante las reuniones públicas. (Turnbull, 1977, págs. 16-17)

Si bien los modelos que se pueden observar en el Nuevo Testamento, ofrecen elementos interesantes que sirven de ejemplo de lo que eran y deben ser los cultos públicos, en necesario reconocer sus limitaciones. Entre otras restricciones se reconocen la falta de una doctrina fundamentada en las escrituras, puesto que las comunidades que se mencionan en el Nuevo Testamento no contaban con el canon definitivo de la Biblia. En segundo lugar las iglesias mencionadas no contienen información de todas las formas de culto practicadas en la época ya que los textos solo respondían a necesidades puntuales y muy contextuales. (Martin, 1982, pág. 218)

Específicamente en 1 Corintios 14:26 al 33 se encuentra un modelo de celebración litúrgica en la que se destaca la participación y el involucramiento de toda la comunidad de fe en la actividad cultica. En este sentido es posible ver que el factor comunitario fue lo que observaron también algunos importantes comentaristas bíblicos. Barclay destaca que este orden propiciaba que cada creyente se sienta con el privilegio y a la vez responsabilidad de aportar algo a la comunidad. Gordon Fee hace énfasis en que la ausencia de un liderazgo que este dirigiendo el culto no le impide a la comunidad apropiarse del momento de adoración guiada por el Espíritu Santo, aunque delimitado por el requisito de la edificación. Kistemaker por su parte afirma que la instrucción de Pablo es directamente contra aquellos individualistas en la iglesia de Corinto que no tenían en cuenta a los demás miembros para la adoración. (Brclay, 1973, págs. 145-147; Fee, 1994, pág. 782; Kistemaker, 1993, pág. 552)

Influencia posmoderna en la liturgia

Considerando que liturgia y comunidad son dos conceptos que no se pueden separar, se procede a hacer una comparación a la luz de la cosmovisión posmoderna. La sociedad modernizada carece de profundidad por lo que los elementos litúrgicos pierden  significado y los que los practican no son conscientes del trasfondo de los mismos. (Wells, 2017, pág. 339). Pero la sociedad posmoderna, al contrario de lo que pensaba décadas antes, ha renovado su interés hacia lo espiritual pero con dos principios que conducen hacia una espiritualidad contraria a la cristiana. En primer lugar el posmodernismo alienta la búsqueda de la verdad individual y la experiencia subjetiva, ya no hay parámetros para determinar algo de manera absoluta, ni siquiera el método científico, sino que todo se ha relativizado. El segundo efecto del pensamiento posmoderno es el rechazo a las tradiciones y estructuras que en tiempos pasados han servido para expresar la espiritualidad, específicamente la liberalización del pensamiento y las prácticas religiosas. Esta nueva búsqueda espiritual libre rechaza los canales convencionales o mejor dicho las religiones tradicionales en la búsqueda de una experiencia personal más intensa o mística. (Palomino, 2011, págs. 73-77)

El pensamiento posmoderno alienta la liberación de todo tipo de práctica o pensamiento que intente dar un marco o referencia de autoridad. El nuevo individualismo busca la emancipación de las prácticas litúrgicas y rituales tradicionales como respuesta a la rigidez que han demostrado estas en el pasado. Pero esta respuesta ha llevado al extremo de perder de vista que la adoración cristiana es básicamente una experiencia comunitaria como lo fue en la iglesia primitiva. (Wells, 2017, pág. 127)

Pero la tergiversación del concepto comunitario de la adoración cristiana no es algo nuevo. En la Edad Media, con la oficialización del cristianismo en el Imperio Romano, los sacerdotes celebraban las misas latín y en privado. El pueblo quedaba excluido de su liturgia y eran reducidos a ser espectadores pasivos. La proliferación de nuevos libros litúrgicos contribuyo a la rigidez y exclusión de los creyentes analfabetos. De esta manera, los cultos quedaron a cargo de un selecto clero y perdiendo asi la creatividad y espontaneidad del que gozaba en sus orígenes. (Rodríguez, 2005, pág. 50)

Algunas de las formas que ha tomado el culto cristiano posmoderno se caracterizan por un estímulo a la subjetividad y la experiencia interna con Dios. Para ello favorecen espacios de introspección y meditación personal acompañada por otras expresiones tales como canciones con contenido emocional excesivo. En otras palabras, el culto cristiano en las iglesias contemporáneas ha perdido su sentido de comunidad y ha limitado la participación de los creyentes a un limitado grupo clerical que ha profesionalizado el servicio de adoración. (Varela, 2002, pág. 74)

Miguel Ángel Palomino, en su libro “¿Qué le paso al culto en América Latina” hace una descripción de las principales características de lo que él llama el “culto renovado”. Entre otras cuestiones identifica una serie de aspectos concernientes a la estructura cultica de las iglesias neo pentecostales que son producto de las influencias modernas y posmodernas. En primer lugar, la dirección del culto está a cargo del director de la banda de música, el cual guía a las personas a la adoración, a través de la música suave y melodiosa para que la gente sienta a Dios. Luego de un tiempo de canciones de diferentes ritmos, danza, una predicación exhortativa y un momento de “ministración” final, la gente es despedida. El concepto de adoración detrás de esta estructura es el de un encuentro personal e íntimo con Dios. (Palomino, 2011, págs. 35-38)

La celebración litúrgica también refleja las relaciones de poder en la iglesia, lamentablemente la invasión de perspectivas empresariales ha llevado a establecer relaciones entre los creyentes que están muy lejos de parecerse a un cuerpo en el cual todos dependen del otro. El pragmatismo se ha convertido en la regla en las iglesias comunicando así una visión distorsionada de Dios y de la iglesia a la congregación. Las jerarquías en la iglesia existen y fueron puestas por Dios, sin embargo estas no se parecen en nada a las jerarquías del mundo, ya que estas últimas someten y manipulan para un beneficio personal. (Toscano & Cetina, 2013, págs. 61-63)

Fuentes utilizadas

Basurko, X. (2006). Historia de la liturgia. Barcelona, España.

Kirst, N. (2000). Culto cristiano: historia, teologóa y formas. Quito, Ecuador: CLAI.

Martin, R. P. (1982). La teología de la adoración. (J. A. Giraldo, Trad.)

Deerfield, Florida, Estados Unidos : Vida.

Nelson G., E. (2003). Que mi pueblo adore: bases para la adoración cristiana. Mundo Hispano.

Palomino, M. Á. (2011). ¿Qué le pasó al culto en América Latina?: la adoración en las iglesias evangélicas. Lima, Perú: Puma.

Rodríguez, I. A. (2005). Intoducción al culto: la litrugia como la obra del pueblo. Nashville, Tennessee, EE.UU.: Abingdon Press.

Toscano, J. J., & Cetina, E. (2013). Arte, liturgia y teología. Lima, Perú: Puma.

Turnbull, R. G. (1977). Diccionario de la teología práctica: Culto. (R. G. Turnbull, Ed., & N. Wolf, Trad.)

Varela, J. (2002). El culto cristiano: origen, evolución, actualidad. Barcelona, España: Clie.

Wells, D. F. (2017). El valor de ser protestante: amantes de la verdad, epmresarios y emergentes . (A. Noa, Trad.) Barcelona, España: Andamio.

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