Queridos arminianos… │ OPINIÓN

Me identifico como cristiano calvinista o reformado. Sin embargo, cabe mencionar que existen muchas representaciones equivocadas de lo que es un calvinista. Calvinistas no son personas que pretenden saber quienes son los elegidos, ni son personas que están en contra del evangelismo. Un calvinista es una persona que cree que Dios es absolutamente soberano sobre todas las cosas, usando medios (por ejemplo evangelistas) para llevar a cabo sus propósitos. Dios ordena todo lo que ocurre y lo que va a ocurrir, todo con el fin principal de glorificarse a sí mismo, especialmente a través de la salvación de un pueblo elegido por pura gracia.

Lo que amo de los arminianos, es que aman a Jesús, al evangelio, a la Biblia, etc. y existen varios arminianos, como A.W. Tozer, C.S. Lewis, Leonard Ravenhill, etc. los cuales aprecio mucho. Dicho esto, estoy convencido personalmente, por la Biblia como mi máxima autoridad, que la soteriología arminiana está mal y creo que puede tener tendencias peligrosas. Me alegro que los arminianos afirman salvación por pura gracia, pero creen que la gracia es condicional (el pecador tiene que colaborar), lo cual es problemático, “porque en tal caso la gracia ya no sería gracia” (Romanos 11:6).

Para iniciar, me gustaría hacer una afirmación: ‘Si Dios iba permitir que la salvación del ser humano depende de su ‘libre albedrío’, entonces nadie jamás iba ser salvo.’ Ahora me gustaría demostrarlo bíblicamente.

Los calvinistas hablan de ‘Depravación total’ (Total Depravity). Lo que esto significa, es que el ser humano, después de la caída de Adán, es totalmente muerto en sus pecados (Efesios 2:1; Colosenses 2:13; 1 Corintios 15:21-22). Hasta Jesús dijo esto, cuando un discípulo le pidió a poder enterar su padre: “Sígueme —le replicó Jesús—, y deja que los muertos entierren a sus muertos” (Mateo 8:22). Las personas que enteraron al muerto no estaban muertos físicamente. A lo que Jesús se refería, fue que eran personas espiritualmente muertas, aunque vivieron físicamente. Cada persona que no es cristiana, que no es regenerada por el Espíritu Santo, es muerta espiritualmente hablando. ¿Qué puede hacer una persona muerta? Nada.

Vemos ahora, si aun así estas personas pueden ejercer su ‘libre albedrío’ (como afirman los arminianos) y creer en Cristo para ser salvo (Juan 3:16). Un texto muy claro se encuentra en Romanos 8:7-8: “La mentalidad pecaminosa es enemiga de Dios, pues no se somete a la ley de Dios, ni es capaz de hacerlo. Los que viven según la naturaleza pecaminosa no pueden agradar a Dios.” Pablo dice, que el hombre natural, con una ‘mentalidad pecaminosa’, no obedece a Dios y ni siquiera tiene la habilidad de hacerlo. No es solamente que el hombre natural no puede cumplir la ley de Dios, sino que no puede hacer ninguna cosa que agrada a Dios. Ahora, la pregunta es: ¿A Dios agradaría si una persona crea en Jesús? Definitivamente sí, ya que “sin fe es imposible agradar a Dios” (Hebreos 11:6). Es más, Romanos 14:23 dice: “Todo lo que no procede de fe, es pecado”. Entonces, no es solamente que todos han pecado (Romanos 3:10, 23), sino también que los humanos por naturaleza no hacen ninguna otra cosa que pecar. Aun sus mejores obras son pecaminosas, ya que no las hacen por la gloria de Dios (1 Corintios 10:31).

Si todo lo que una persona incrédula hace es pecaminoso, entonces ¿cómo una persona puede ejercer fe (algo que agrada a Dios), si solamente peca (cosa que Dios aborrece)?

La única respuesta es Dios. Después de que Pablo redactó claramente la terrible condición de los pecadores, leemos en Efesios 2:4-5 estas preciosas palabras: “Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor por nosotros, nos dio vida con Cristo, aun cuando estábamos muertos en pecados. ¡Por gracia ustedes han sido salvados!” ¿Te das cuenta, que el hombre no hace nada (aparte de ser muerto en sus pecados), mientras Dios lo hace todo (Romanos 8:29-30)? La salvación es de Dios (Salmos 3:8; Jonás 2:9; Apocalipsis 7:10). Esto es la esencia del calvinismo.

El hombre es totalmente incapaz de hacer algo o contribuir algo a su salvación. Dios tiene que resucitar a la persona espiritualmente muerta. Sin esa tremenda y poderosa obra del nuevo nacimiento por parte del Espíritu Santo (Juan 3:3-8), nadie jamás iba venir hacia Jesús (Juan 6:44,65) y ser salvo.

Por pura gracia, Dios da la fe (Efesios 2:8; Filipenses 1:29) y el arrepentimiento (Hechos 11:18; 2 Timoteo 2:25-26) a las personas a las cuales Él quiere (Romanos 9:15,18).

Para terminar, quiero mencionar brevemente la importancia de entender que la salvación “no depende del deseo ni del esfuerzo humano, sino de la misericordia de Dios” (Romanos 9:16), que el cristiano escoge a Cristo solamente porque fue escogido antes de la fundación del mundo (Efesios 1:4), que el cristiano cree solamente porque fue destinado a la vida eterna (Hechos 13:48) y que el cristiano solamente ama a Dios porque Dios le amó primero (1 Juan 4:19). En la naturaleza pecaminosa del ser humano, existe un fuerte deseo de tener su destino en sus propias manos. La idea de un Dios totalmente soberano le parece repugnante, porque no existe algo más humillante para el orgullo del ser humano. Pero Dios aborrece al orgulloso (1 Pedro 5:5; Santiago 4:6) y pone muy claro, que ningún cristiano va poder gloriarse de su salvación (Efesios 2:9; 1 Corintios 1:29).

Arminianos, estoy convencido de que no realizan cuán grave está la condición caída del ser humano, teniendo en cuenta que “por la transgresión de un solo hombre murieron todos” (Romanos 5:15). Al mismo tiempo subestiman la gracia de Dios “que nos trae (no solo hace posible, sino asegura) justificación y vida eterna por medio de Jesucristo nuestro Señor” (Romanos 5:21). Mi deseo es el mismo que el de Pablo, quien deseó que los cristianos no simplemente sepan de la gracia, sino también la comprenden plenamente (Colosenses 1:6).

Dios salva a sus escogidos (Romanos 8:33), produce el querer y el hacer de su buena voluntad en el cristiano (Filipenses 2:13), y asegura totalmente la salvación de cada cristiano (Juan 10:27-30; Romanos 8:38-39; Efesios 1:13-14). Todo esto sirve “para alabanza de su gloriosa gracia” (Efesios 1:6) y “para alabanza de su gloria” (Efesios 1:12).

Porque todas las cosas proceden de Él, y existen por Él y para Él.
¡A Él sea la gloria por siempre! Amén.” (Romanos 11:36)

Soli Deo Gloria!

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