Libre Albedrío, ¿vana fantasía o verdad Bíblica?

El concepto general del libre albedrío es que el ser humano tiene la habilidad de decidirse tanto por lo bueno como también por lo malo. Esto significa, bíblicamente hablando, que el pecador tiene la habilidad o el ‘libre albedrío’, de aceptar o rechazar a Cristo. No estamos hablando meramente de la habilidad de decidir entre dos opciones cualquieras. Esto no se disputa. La idea del ‘libre albedrío’ más bien es, que el ser humano tiene en sus manos su destino eterno, ya que cada persona tiene supuestamente la habilidad de tomar la decisión de creer en Jesús. Vamos a uno de los pasajes más famosos, que se usa para apoyar la idea del ‘libre albedrío’.

Juan 3:16: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en Él, no se pierda, más tenga vida eterna.

Hermoso pasaje. Cada persona que cree, será salvo. No hay duda alguna en cuanto a eso. Sin embargo, ¿el pasaje dice que cada persona en el mundo tiene la habilidad de creer en Cristo? No, el pasaje no dice nada acerca del ‘libre albedrío’ del ser humano. Es simplemente una hermosa promesa, de que cada creyente será salvo.

Bueno, ¿pero qué acerca de Deuteronomio 30:19?

Al cielo y a la tierra pongo hoy como testigos contra vosotros de que he puesto ante ti la vida y la muerte, la bendición y la maldición. Escoge, pues, la vida para que vivas, tú y tu descendencia.

¡Ahí si Dios dice que tenemos que escoger! Es cierto que Dios nos manda a escoger la vida. Sabemos, además, que Jesús es la vida, de acuerdo a Juan 11:25. Sin embargo, este texto tampoco dice que tenemos la habilidad de escoger la vida. ¿Pero no se supone que tenemos la habilidad, teniendo en cuenta que Dios nos manda a hacerlo? ¡Dios seguramente no nos iba mandar algo que no podemos hacer!

Bueno, vamos a analizar este razonamiento. Dios te manda que le amas “con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza” (Deuteronomio 6:5). Te pregunto, ¿estás cumpliendo lo que Dios te manda? Si vas a ser honesto, entonces confesarás que no amas a Dios con todo tu ser. Vamos a otro mandamiento. Jesús nos manda: “Sed vosotros perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto” (Mateo 5:48). ¿Eres perfecto como Dios lo es? ¿No? ¿Por qué no? Seguramente estarás de acuerdo, que nadie puede ser perfecto como Dios lo es. No podemos amar a Dios con todo nuestro ser y no podemos ser perfectos, a pesar de que Dios nos manda a hacerlo. ¿Ves lo que estoy diciendo? Solo porque Dios nos manda algo, esto no significa automáticamente que podemos hacerlo.

¿Pero por qué entonces Dios nos manda hacer cosas que no podemos hacer? ¿Acaso Dios es injusto? ¡Jamás! Dios creó a Adán y Eva “bueno en gran manera” (Génesis 1:31), capaz de cumplir todo lo que Dios les mandaba. El ser humano era libre del dominio y de la esclavitud del pecado. Pero el hombre pecó y “en Adán todos mueren” (1 Corintios 15:22). Desde este entonces, el hombre es esclavizado, ya que “todo el que comete pecado es esclavo del pecado” (Juan 8:34). Cada ser humano es muerto en “delitos y pecados” (Efesios 2:1) y cautivo del diablo “para hacer su voluntad” (2 Timoteo 2:26). Si somos esclavos quienes hacen la voluntad del diablo, ¿cómo alguien puede hablar entonces del libre albedrío? ¿Acaso el diablo nos va a llevar a creer en Cristo? Jesús dice: “Sois de vuestro padre el diablo y queréis hacer los deseos de vuestro padre” (Juan 8:44). ¿El deseo del diablo es amar a Jesús y glorificar a Dios? ¡El diablo odia a Jesús! Lo mismo es el caso con el ser humano, quienes son “aborrecedores de Dios” (Romanos 1:30), ya que “todo el que hace lo malo odia la luz” (Juan 3:20). Jesús dijo a sus discípulos: “Si el mundo os odia, sabéis que me ha odiado a mí antes que a vosotros” (Juan 15:18).

Ahora bien, seguramente algunos pensarán que estos son textos bastante deprimentes acerca del ser humano, pero ellos tampoco dicen explícitamente que el hombre no tiene la habilidad de decidirse por Cristo.

Vamos entonces a los versículos, que explícitamente refutan la noción de que el pecador tiene la habilidad de creer o hacer algo que agrada a Dios. Jesús dice:

Nadie [PUEDE] venir a mí si no lo trae el Padre que me envió, y yo lo resucitaré en el día final” (Juan 6:44).

Jesús no dice que nadie tiene el permiso para venir a Él, sino que nadie [PUEDE] (δύναται), es decir, nadie es capaz, nadie tiene la habilidad para venir a Cristo. Hay quienes argumentan, que Dios trae a todos a Cristo, para que ahí puedan aceptar o rechazarle a Cristo. ¿Pero dónde dice esto en el texto? En todo el capítulo 6 no se habla de tal cosa. Juan 6:44 dice que él (αὐτόν) que es traído por el Padre, es también él (αὐτόν) que es resucitado por Jesús, es decir, los que el Padre trae, a esos el Hijo salva (6:39).

Un poco después, Jesús dice nuevamente:

Por eso os he dicho que nadie [PUEDE] venir a mí si no se lo ha concedido el Padre” (6:65).

Jesús enfatiza el punto de la inhabilidad del ser humano, repitiéndolo. ¿Cuál fue la reacción de esa enseñanza dura? “Como resultado de esto muchos de sus discípulos se apartaron y ya no andaban con Él” (6:66). Jesús no se disculpa por esa doctrina. No va tras estas personas y les asegura que Dios lo concede a todos a venir a Él. Es más, Jesús les pregunta a sus doce discípulos: “¿Acaso queréis vosotros iros también?” (6:67). Esto no suena mucho al Jesús, a quienes estamos acostumbrados hoy en día. Mayormente escuchamos solamente del amor de Dios y cuánto Él nos quiere. Sin embargo, es necesario declarar “todo el consejo de Dios” (Hechos 20:27), especialmente si queremos ser “inocente de la sangre de todos” (20:26).

Un tercer versículo clave es de Pablo:

La mente puesta en la carne es enemiga de Dios, porque no se sujeta a la ley de Dios, pues ni siquiera [PUEDE] hacerlo, y los que están en la carne no [PUEDEN] agradar a Dios” (Romanos 8:7-8).

No sé como la Biblia puede refutar más claramente cualquier idea del ‘libre albedrío’. El apóstol dice que el hombre por naturaleza, con una mente carnal, no puede (δύναται) cumplir la ley de Dios y no es capaz de agradar a Dios (δύνανται). Tener fe en Cristo agrada a Dios (Hebreos 11:6), por ende, el hombre no es capaz de creer en Cristo, según el testimonio bíblico que nos presenta Pablo. ¿Qué significa todo eso?

Así que no depende del que quiere (‘libre albedrío’) ni del que corre (obras/actividades), sino de Dios que tiene misericordia” (Romanos 9:16).

Ahora, en vez de la típica respuesta, la cuál el apóstol ya anticipó, es decir, la de Romanos 9:19: “Pero tú me dirás: Entonces, ¿por qué todavía nos echa la culpa Dios? ¿Quién puede oponerse a su voluntad?”, te animo a preguntar la pregunta que hicieron los discípulos a Jesús: “Entonces, ¿quién podrá (δύναται) salvarse?” (Mateo 19:25). La respuesta de Jesús es tan importante:

Para los hombres eso es imposible (ἀδύνατόν = incapaz), pero para Dios todo es posible (δυνατά = capaz)” (19:26).

¡Cómo nos hace falta entender esto hoy en día nuevamente! Dios demanda lo imposible de nosotros, para que perdamos toda la confianza en nosotros y pongamos toda nuestra confianza solamente en Él. El humano es incapaz y solo Dios es capaz. El humano no puede, pero Dios puede todo. Nosotros no contribuimos nada. Jesús dijo, que “separados de mí nada podéis hacer” (Juan 15:5). No es que dependemos 99,9% de Dios, sino que dependemos 100% de la misericordia de Dios. Mientras el humano se ilusiona por su supuesto ‘libre albedrío’, el cual irónicamente es totalmente esclavizado, mientras se ilusiona con su libre albedrío, no va a ver su extrema necesidad y dependencia de Dios.

El pecador debe humillarse y rogar a Dios por su gracia, ya que su misericordia es su única esperanza. Cuando Dios tiene misericordia con alguien, le capacita para creer, para arrepentirse y para cumplir sus mandamientos. “Pues Dios es quien produce en ustedes tanto el querer como el hacer para que se cumpla su buena voluntad” (Filipenses 2:13). Si alguien cree, es porque Dios le ha dado la fe (Filipenses 1:29). Nadie tiene fe porque fue más inteligente, mejor o más ‘capaz’ que los demás. “¿Qué tienes que no hayas recibido? Y, si lo recibiste, ¿por qué presumes como si no te lo hubiera dado?” (1 Corintios 4:7).

Hay muchas cosas más que se podían decir, pero estos versículos tan claros deberían ser suficientes, para dejar atrás estas fantasías y vanas filosofías del ‘libre albedrío’, no solamente porque no haya apoyo bíblico alguno, sino porque contradice plenamente el testimonio bíblico. Deshonra a Dios, la idea de que todo depende de nuestro libre albedrío y que Dios no tenga el control absolutamente soberano sobre todas las cosas, aún sobre nuestro destino eterno. Dejamos de robar a Dios de su gloria, que solamente a Él le corresponde.

Yo soy el Señor, ese es mi nombre; mi gloria a otro no daré” (Isaías 42:8).

No a nosotros, Señor, no a nosotros, sino a tu nombre da gloria, por tu misericordia, por tu fidelidad” (Salmo 115:1)

¡Soli Deo Gloria!

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