Imágenes bíblicas de la obra salvífica de Jesús

1. Introducción

La soteriología es una de los grandes ejes de la Teología Sistemática. Según la Real Academia Española, se la puede definir como “doctrina referente a la salvación”. Proviene, etimológicamente de la palabra σωτηρία,(salvación) del griego y su equivalente hebreo en el AT es la palabra “yasha” (rescate, liberación, dar amplitud y anchura). (Real Academia Española , s.f.; Ryrie, 1993; Thiessen, 1979, pág. 197)

Ya desde los inicios de la iglesia primitiva declaró que Cristo había muerto por sus pecados. Pero la pregunta que va un poco más profundo es ¿qué realmente significa esta afirmación? ¿Cómo la iglesia de hoy en día puede y debería entender la obra salvífica de Jesús y qué implicancias debería tener para el cuerpo de Cristo? (Driver, 1994, pág. 15)

En este breve artículo se pretende explicar en qué consisten estas imágenes o metáforas y por qué son importantes. Después se presentan brevemente 3 de estas imágenes.

2. Imágenes bíblicas para el mejor entendimiento de la obra salvífica de Jesús

Para poder encontrar una respuesta a estas preguntas planteadas en la introducción, es preciso destacar que el Nuevo Testamento no está ofreciendo una definición exhaustiva literal de la obra salvífica efectuada por Jesús. Los autores neo-testamentarios más bien emplean imágenes que describen lo que Jesús hizo. Estas imágenes o tienen la función de iluminar, transmitir y apuntar a una realidad que los trasciende. (Driver, 1994, págs. 16-17; Ladd, 1974, pág. 423)

Así se habla en el Nuevo Testamento por ejemplo del sufrimiento vicario, del sacrificio, del conflicto y la victoria, rescate, de la redención, liberación, justificación, liberación y reconciliación para referirse a la obra salvífica de Jesús. Son términos que contienen significados que van más allá de su sentido literal enriqueciendo de esta manera la comprensión de la obra de Cristo. No fueron definiciones absolutas, sino esclarecieron la interpretación de la acción soteriológica de Jesús. (Milne, 1986, págs. 112-118; Driver, 1994, págs. 16-17; 31)

Esto no significa que se encuentran exclusivamente en la esfera abstracta. Más bien, algunos sí hacen referencia a eventos reales concretos. La redención, por ejemplo, se refiere al evento histórico del Éxodo y la reconciliación es una realidad concreta cuando dos personas o grupos restauran sus relaciones. (Driver, 1994, pág. 18)

3. Problemas con la concepción soteriológica actual

Juan Driver, en su libro “La obra redentora de Cristo y la Misión de la Iglesia” expone algunos de los problemas que surgieron en torno a la falsa interpretación y manejo de las imágenes acerca de la obra de Cristo.

La primera que menciona es consecuencia del así denominado “Constantinianismo”. Se refiere con ello al giro brusco que realizó la iglesia cristiana en el siglo IX. Se convirtió desde una comunidad pequeña, perseguida y enfocada en el discipulado en un ente perseguidor, mayoritario y muy tolerante a una laxitud moral fatal. La salvación se llegó a reducir a los sacramentos en el catolicismo romano. También en el ámbito protestante, al componente ético en la salvación ya no se le dio la importancia debida y se interpretó la salvación meramente en los términos más fácilmente explicables, como el sacrificio y la expiación. (Driver, 1994, págs. 31-33)

Otro problema en torno a la interpretación de las imágenes fue la exigencia de la racionalidad. La racionalidad occidental empobreció la comprensión de la obra redentora de Cristo, reduciéndola a teorías que sobreenfatizaban una o varias de las analogías usadas en el Nuevo Testamento. Esto no fue prioritario ni en el Antiguo ni en el Nuevo Testamento. (Driver, 1994, págs. 33-34)

El tercer problema histórico es la concepción errónea de la ley y de la función del sentimiento de culpa. La intención divina con la ley ha sido que se ve aplicada en la comunidad del pacto, es decir, en las relaciones interpersonales de las personas ya salvadas. (Driver, 1994, págs. 34-37)

No buscaba una perfección meticulosa y estática, sino presuponía el perdón de Dios como consecuencia del arrepentimiento humano. Los judíos ya llegaron a malentender esto, volviéndose legalistas seguidores de la ley y convirtiéndola en un vehículo de salvación, acción que fue tan fuertemente criticada por Pablo y Jesús. (Driver, 1994, págs. 34-37)

Pues, esta falsa interpretación de la ley se infiltró en la iglesia cristiana y se comenzaba a entender la justificación – la cual es una imagen muy importante para entender la obra salvífica de Jesús, sobretodo usada por Pablo – en términos del sistema jurídico romano, distributivo- retributivo. Para los romanos, “legalidad” era muy enfatizada y justicia consistía en condenar a los culpables. (Driver, 1994, págs. 34-37; Finger, 1989, pág. 166; Ladd, 1974, pág. 438)

La ley se convirtió en una unidad de medida y su transgresión demandaba castigo, antes del perdón y arrepentimiento, reflejando así la visión griega y pagana la cual afirmaba que se tenía que propiciar a una deidad enojada con los sacrificios debidos. Esto fue a lo que Agustín y, más tarde Lutero, se refirieron con el sentido de la culpa la cual se convirtió en el eje de la imagen jurídica y también en el punto de partida para la interpretación del concepto paulino de la justificación. (Driver, 1994, págs. 34-37; Ladd, 1974, pág. 424)

A pesar de que Pablo definitivamente se consideró el “primer pecador” (1ª Tim.1:15), él no hablaba de su conversión como un evento sanador de una conciencia atormentada – es más, tenía una conciencia bastante robusta según Fil. 3:6. Más bien, su conversión para él era un momento en el cual realizó que Jesús era el Mesías. A partir de su conversión invertía todo su esfuerzo para obedecer a Jesús en la comunidad mesiánica. (Driver, 1994, págs. 34-37)

El concepto del pecado va mucho más allá de sólo ser “culpa” o meramente una conciencia atormentada. La ira de Dios se debía a la transgresión del pacto y buscaba un restablecimiento de este vínculo amoroso y no un aplacamiento por sacramentos o rituales religiosos. (Driver, 1994, págs. 34-37)

Esta visión bíblica se distorsionó y la culpa fue más interpretado como deuda que debía ser saldada. En el contexto católico mediante atrición, confesión satisfacción, absolución y en el protestantismo por medio de una declaración legal, aunque uno no se la expresaba en su vida. (Driver, 1994, págs. 34-37)

En este sentido, a continuación, se presentarán 3 de las imágenes neotestamentarias que buscan enriquecer el significado de la salvación.

4. Tres imágenes que facilitan una mejor comprensión de la obra salvífica de Jesús

Se nota entonces la importancia de interpretar la salvación cristiana a un nivel más amplio y multifacético A continuación, entonces, se busca describir algunas de las imágenes que el Nuevo Testamento emplea para referirse a la obra salvífica de Jesús. Se escogieron las metáforas de la redención, reconciliación y adopción porque son, según la opinión del autor, unas imágenes con las cuales muchos cristianos contemporáneos no están muy familiarizados.

 4.1. Redención

La redención como imagen para ilustrar la obra salvífica de Jesús tiene sus raíces en el Antiguo Testamento. Cuando Dios sacó a su pueblo de Israel, lo “redimió” de la esclavitud. Así también en la segunda parte del libro de Isaías, Yahveh aparece con el título del “redentor”. (Driver, 1994, págs. 182-197; Carr, 2002, pág. 302)

En el tiempo en el cual surgió la iglesia primitiva, la manumisión de esclavos se llevaba a cabo mediante un pago de algún precio. Alguien se lo pagaba y el esclavo quedaba libre. En ocasiones en el contexto secular un dios “redimía” ficticiamente a algún esclavo comprando su libertad. Sin embargo, esto era nada más que imaginación, ya que el esclavo mismo tenía que entregar el dinero en las manos del sacerdote pagano que garantizaba su libertad. El término de la “redención” se refería al precio pagado para la devolución de un prisionero de guerra. Entonces, gracias a estas costumbres paganos, los primeros cristianos habrán tenido bien en claro la profundidad del término.  (Driver, 1994, págs. 182-197; Ladd, 1974, pág. 433; Ridderbos, 1970, pág. 140)

El acto de la redención siempre era un acto libre y de gracia de parte de Dios. En el Antiguo Testamento descansaba en el fundamento de la fidelidad divina al pacto. Parecido es en el Nuevo Testamento. En la terminología paulina la redención es un término muy importante para referirse a la obra de Jesús. Cristo, libera al creyente, no solamente en apariencia como los paganos, sino verdaderamente. (Driver, 1994, págs. 182-197)

¿De qué son liberados los creyentes? De la falsa confianza en las obras de la ley (Gál. 3:20), de la esclavitud de los “rudimentos del mundo”, de la “vana manera de vivir” (1ª P. 1:18-19) y “de la potestad de las tinieblas” (Driver, 1994, págs. 182-197; Carr, 2002, pág. 302)

Para efectuar la redención, Jesús llegó a ser “maldición”, a través de la crucifixión y logró así justificar y liberar a los creyentes (Gál. 3-4). Esto fue la misión de Hijo del Hombre: “dar su vida en rescate para muchos” (Mc. 10:45; Mt. 20:28) (Driver, 1994, págs. 182-197; Ridderbos, 1970, pág. 142)

 Es importante notar que los autores del Nuevo Testamento no pusieron tanto énfasis en el concepto del precio mismo del rescate (aunque es explícito que fue la muerte de Cristo, según 1ª Ped. 1:19), ni tampoco de quién y bajo cuáles condiciones fueron comprados los creyentes, pero sí dan mucha importancia al hecho de que la redención fue efectuada y que los creyentes llegaron a tener un nuevo amo. (Driver, 1994, págs. 182-197; Ladd, 1974, pág. 434; Ridderbos, 1970, pág. 141; Calvino, 1967, pág. 396)

La manumisión convierte a los cristianos en esclavos de él (1ª Cor. 7:22). La compra o la paga del rescate incluye que los cristianos ahora ya no son dueños de sí mismos (1ª Cor. 6:19. Esto se manifiesta tanto en la literatura paulina, como también en las cartas de Pedro (1ª P. 2:9) y de Juan (Ap. 5:9; 14:3-4). Ahora los convertidos son hijos obedientes de Dios y llevan una vida de servicio. Son un pueblo poseído por Dios, que no quedan “absueltos de su deuda”, sino cambiaron más bien de dueño. (Driver, 1994, págs. 182-197; Ladd, 1974, pág. 434)

Textos bíblicos acerca de la redención:

Mr. 10:45; Lc. 1:68; Jn. 8:34-36; Ro. 3.24-25; 6:17; 1ª Cor. 1:30; 6:19; Ef. 1:7; Col. 1:14; 1ª Ped. 1:18; Ap. 5:9 (Milne, 1986, pág. 118)

4.2. La Reconciliación

El acto de reconciliar se refiere a llevar de nuevo a los seres humanos a reunirse, estando implícita la restauración de relaciones perturbadas. En el Nuevo Testamento no hay muchos pasajes en las cuales se hace uso de esta imagen para describir la restauración de vínculos entre Dios y hombre – quien fue definitivamente enemigo de Dios activa- y pasivamente-  y entre los hombres mismos. Sin embargo, es una metáfora que ayuda a entender mejor la salvación, teniendo también una equivalencia concreta. (Driver, 1994, págs. 199-211; Ridderbos, 1970, pág. 134; Carr, 2002, pág. 301)

El término griego empleado para la palabra de “reconciliación” contiene el significado de “alterar” o “cambiar”. Se remueve lo hostil y se establece paz y amistad. Es un término que no fue usado en la religiosidad pagana, demostrando esto que los griegos no pudieron tener un grado de intimidad tan personal con su Dios. (Driver, 1994, págs. 199-211)

Sin embargo, Pablo se refiere a la reconciliación como un acto en el cual Dios es el que reconcilia al mundo consigo mismo (2ª Cor. 5:18; Ef. 2:17; Col. 1:2; 22). Dios no es reconciliado, sino es el sujeto que realiza el acto con los seres humanos y el mundo como objetos que reciben la reconciliación. (Driver, 1994, págs. 199-211; Ridderbos, 1970, pág. 133)

Es entonces la misma una iniciativa divina y soberana de Dios, no un proceso recíproco. Romanos 5:10 lo ilustra muy bien: la reconciliación consiste en una modificación del orden, de la esfera de los seres humanos que eran débiles, impíos, pecadores transformados por el derramamiento del Espíritu Santo. Adán, al pecar, le dio la espalda a Dios y Dios le dio la espalda a él. Recién en la muerte de Jesús, las demandas de Dios podían ser satisfechas.  (Driver, 1994, págs. 199-211; Thiessen, 1979, pág. 239; Ridderbos, 1970, pág. 132; Carr, 2002, pág. 301)

¿De qué manera se logró esto? Se logró mediante un sufrimiento vicario de Cristo (Rom. 5:10; 2ª Cor. 5:21; Ef. 2:13; Col. 1:20). Este sacrificio de Cristo que fue impulsado por el amor tan grande de parte de Dios, es la fuerza motivadora para los cristianos a superar el egocentrismo y reemplazarlo por la comunión con Dios reorientando las propias vidas hacia una vida conforme al Espíritu Santo. (Driver, 1994, págs. 199-211; Ladd, 1974, pág. 424)

A pesar de que la reconciliación no es un proceso recíproco, ni iniciado o buscado por los hombres, por su misma naturaleza no es unilateral. Claramente Pablo llama a los corintios a reconciliarse con Dios (2ª Cor. 5:20) y esto demanda arrepentimiento. Se nota entonces que la pasividad humana queda excluida y la reconciliación es tanto objetiva y subjetiva a la vez. Comenzó en la cruz, pero precisa de la respuesta del creyente para alcanzar su plenitud. (Driver, 1994, págs. 199-211; Carr, 2002, pág. 301)

Ahora, para llegar al significado más amplio de la reconciliación se necesita entender que los seres humanos se caracterizan primeramente por desobedecer a Dios (Ef. 2:2) y también estar en enemistad con los demás (Ef. 2:14; 16). A través de la muerte en la cruz, Dios manifestó su profundo amor para con los hombres, invitándoles buscar la reconciliación con Dios. Pero al mismo tiempo, Pablo tiene en mente un nuevo orden social como consecuencia de la reconciliación (2ª Cor. 5:17). Y esta consiste en una humanidad reconciliada entre sí. Todos aquellos que han sido reconciliados por Cristo, forman parte de un pueblo en el cual ya no importan las distinciones religiosas o raciales; porque ya forman parte de la familia de Dios. (Driver, 1994, págs. 199-211)

Viéndolo de esta forma, la reconciliación llega a tener implicancias que van mucho más allá de la mera eliminación de la culpa personal. La obra de Cristo no es una transacción abstracta desconectada con su ética y moral. Pero Jesús restauró a través de su muerte las relaciones humanas para que ya pudieran vivir el “Shalom” que alcanzará su plenitud en el futuro. (Driver, 1994, págs. 199-211; Ladd, 1974, pág. 428; Ridderbos, 1970, pág. 133)

Textos bíblicos acerca de la reconciliación:

Rom. 5:10; 2ª Cor. 5:18-20; Ef. 2:16; Col. 1:20 (Milne, 1986, pág. 114)

4.3. La Adopción

Esta imagen como ilustración para la obra salvífica de Jesús no es tan clara como otras analogías, sin embargo, da una descripción rica de lo que Dios hizo al efectuar la salvación. (Driver, 1994, págs. 235-240)

La imagen de la adopción está empleada en diversos pasajes bíblicos juntamente con la redención (Rom. 8:23), la encarnación (Gál. 4:4-5); y la muerte de Cristo (Ef. 1: 5-7). De hecho, está muy relacionado con la metáfora de una familia. En el Nuevo Pacto, muchas veces se hace referencias a los creyentes como hijos de Dios y se habla de ellos a nivel horizontal como hermanos y hermanas. (Driver, 1994, págs. 235-240)

Parecido ya fue en el Antiguo Testamento, cuando Yahveh describió la relación con su Pueblo como una relación de Padre e Hijo (Dt. 32:6; Jer. 3:4; Nm.11:12). Esto no es una referencia a un vínculo físico, sino de naturaleza moral y espiritual que refleja una clara distancia entre el Padre que domina, posee y controla al hijo subordinado. Además, a través de la desobediencia los israelitas podían llegar a ser hijos de otros dioses (Jer. 2:26; Mal. 2:11) Pero esta imagen ilustra de una forma muy hermosa la bondad y el amor de Yahveh hacia su Pueblo. (Driver, 1994, págs. 235-240)

En el Nuevo Pacto, Dios en cierta manera es el Padre de todos, pero no todos son hijos suyos, sino solamente aquellos que hacen paz (Mt. 5:9) y los que son guiados por el Espíritu Santo (Ro. 8:14). (Driver, 1994, págs. 235-240)

El “espíritu de adopción”, es decir el Espíritu Santo, que los creyentes reciben después de su redención, los convierte en herederos de Dios y coherederos de Cristo (Gál 4:7; Ro. 8:17). También Juan habla de la filiación como un regalo de la gracia de Dios, un privilegio que ya se disfruta en el presente (1ª Jn. 3:1) (Driver, 1994, págs. 235-240)

Dios es el que toma la iniciativa llena de gracia, coloca al ser humano en una relación filial con él.  Este acto se puede realizar porque Jesús rompió las cadenas de esclavitud e hizo posible esta relación de Padre – Hijos. Este profundo e íntimo vínculo se expresa a través del uso de “Abba” en el Nuevo Testamento. El empleo de “Abba” de parte de Jesús fue muy novedoso ya que no tuvo muchos antecedentes en el judaísmo temprano. Pero también Pablo la emplea en Gál. 4:6; Ro. 8:15b-16. (Driver, 1994, págs. 235-240; Jeremías, 1971, pág. 69)

Esta imagen, aunque no tan frecuente, puede ser considerada como una de las imágenes más hermosas y ricas, porque demuestra cuán profundo puede llegar a ser el vínculo entre Dios y los redimidos a través de la obra mesiánica de Jesús. (Driver, 1994, págs. 235-240)

Textos bíblicos acerca de la adopción:

Rom. 8:15; 9:14; 8:23; Gál. 4:5; Ef. 1:5 (Driver, 1994, págs. 235-240)

Conclusión

La soteriología es un estudio bastante amplio y multifacético. El pensamiento occidental con sus intentos de reducir el concepto de la salvación a una teoría ha hecho bastante daño al cristianismo histórico. De la misma manera lo hizo la sacramentalización de la salvación y el concepto de una conciencia aterradora como punto de partida hermenéutico.

 Aunque no se abarcaron en este trabajo todas las imágenes o metáforas que el Nuevo Testamento emplea para referirse a la obra de Jesús, esta pincelada sí sirvió para que el lector se diera cuenta de la gran diversidad de descripciones de la salvación.

 De repente las tres metáforas no son las 3 imágenes más frecuentes en las prédicas de hoy en día, pero son importantes para entender el amplio mensaje que la Biblia busca dar a sus lectores.

Ahora, se puede resaltar las siguientes tres características que estas tres metáforas tienen en común.

En primer lugar, todos presuponen la iniciativa de Dios. La redención ha sido iniciada por Dios al enviar a su hijo al mundo. La reconciliación tuvo lugar porque Dios quería reconciliar el mundo consigo mismo y la adopción era posible por la obra de Jesús.

En segundo lugar: las tres imágenes implican que la nueva identidad debe manifestarse en algún cambio en la vida. La redención enseña que los creyentes cambiaron de amo y se volvieron esclavos obedientes de Dios. La reconciliación se expresa en relaciones interpersonales restauradas y la relación filial necesita expresarse en una conducta pacífica.

Y una tercera característica de estas imágenes es que todos presuponen la existencia de una comunidad de fe. Una salvación cristiana no se puede vivir exclusivamente de forma individual. La redención se describe en términos colectivos, usando “pueblo santo”, por ejemplo, para referirse a la propiedad adquirida por Dios a través del pago del rescate. En la reconciliación se rompieron las diferencias raciales y religiosas; se llegó a reunir una comunidad de creyentes. Y, por último, la familia es el conjunto de personas adoptadas por Dios Padre que están íntimamente vinculados con Dios gracias a la obra sacrificial de Jesús.

 

BIBLIOGRAFÍA

Calvino, J. (1967). Instituciones de la Religión Cristiana. Buenos Aires, Grand Rapids: Nueva Creación .

Carr, W. (Ed.). (2002). The new dictionary of pastoral studies. London: Eerdmans.

Driver, J. (1994). La obra redentora de Cristo y la misión de la Iglesia. Buenos Aires, Argentina: Nueva Generación .

Finger, T. N. (1989). Christian Theology: an eschatological approach (Vol. II). Scottdale, Pennsylvania , EE.UU.: Herald Press.

Jeremías, J. (1971). Neutestamentliche Theologie. Erster Teil: Die Verkündigung Jesu . Gütersloh: Gütersloher Verlagshaus Gerd Mohn.

Ladd, G. E. (1974). A Theology of the New Testament. Grand Rapids, Michigan, EE.UU.: William B. Eerdmans Publishing Company.

Milne, B. (1986). Conoceréis la verdad: un manual de la fe cristiana . Miami, Florida, EEUU: Loggoi.

Real Academia Española . (s.f.). Soteriología . Obtenido de dle.rae.es: https://dle.rae.es/soteriolog%C3%ADa

Ridderbos, H. (1970). Paulus: Ein Entwurf seiner Theologie. Wuppertal: Theologischer Verlag Rolf Brockhaus.

Ryrie, C. C. (1993). Teología Básica: una guía sistemática popular para entender la verdad bíblica: un compendio sistemático de las principales doctrinas de la Biblia – la Trinidad, la iglesia, el pecado y la salvación, el hombre, y los ángeles. (A. S. Valdés, Trad.) Miami, Florida, Estados Unidos: Unilit.

Thiessen, H. C. (1979). Lectures in Systematic Theology. Grand Rapids, Michigan, EE.UU.: William B. Eerdmans Publishing Company.

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