¿Gracia irresistible?

¿Pudo Lázaro haber dicho que no? Esta es la pregunta que hace Dr. James White en un video que alzó a su canal de Youtube hace años. Dr. White es director del ministerio Alpha & Omega, apologista cristiano, autor de más de 20 libros y convencido calvinista.

Su pregunta (¿pudo Lázaro haber dicho que no?) supone una exclusión absoluta de la participación del ser humano en la obra salvífica de Dios, argumentando que de la misma manera como Lázaro no pudo decir “NO” al imperativo divino de Jesús “¡Lázaro, ven fuera!” en Juan 11:43, el ser humano no puede decidir si obedecer al llamado de Jesús o no. Se presta el milagro para sostener la siguiente expresión: Cuando Dios llama al ser humano, éste es incapaz de resistirse a su gracia (gracia irresistible) y si Dios decide no llamarle, éste, por estar muerto (como Lázaro lo estuvo) es incapaz de acercarse a Jesús para que éste lo reviva.

¿Suena lógico verdad? ¿Cómo podría Lázaro haberle dicho “NO” a Jesús cuando éste lo declaró vivo nuevamente? O ¿cómo podría haberse acercado él mismo para volver a vivir? Resulta imposible refutar un argumento tan sólido a favor de la gracia irresistible y la ausencia de la participación del ser humano a la vez cuando creemos que podemos hacer soteriología de milagros de sanación y resurrección efectuados por Jesús en su ministerio terrenal. La frase que se repite a menudo en el video del Dr. White es: “El ser humano no puede hacerle fracasar a Jesús.” Con esto da a entender que quién cree en que el ser humano tiene suficiente autonomía para decidirse a favor o en contra de Jesús, tiene autoridad por sobre el llamado divino y  puede, al rechazarlo, hacerle fracasar a Jesús quien con su imperativo no le invitó sino le ordenó a seguirle.

En realidad esa expresión forma parte de múltiples expresiones espantapájaros que aplican los que se denominan calvinistas (de los que yo conozco ninguno siquiera leyó todavía la introducción a la Constitución de Calvino…) para asustarle al público y comunicarle sutilmente que si ellos no están del lado calvinista ya blasfeman contra Dios. Personalmente no creo que podamos sacar una enseñanza soteriológica y sistemática del milagro de la resurrección de Lázaro, pero porque el calvinista mayormente usa y abusa los textos que le plazca, quiero escribir sobre una ocasiones que encontramos en el Nuevo Testamento, en la que el ser humano le hizo fracasar a Jesús, según la perspectiva calvinista.

Espero que de este modo por lo menos quede en claro que es absurdo declarar teologías extremistas acerca del proceso soteriológico cuando éste sobrepasa ampliamente nuestro entendimiento. Con este pasaje no me quiero inclinar al lado del otro extremo que afirma la autonomía absoluta del ser humano, pero anhelo equilibrar el debate y volverlo a una homeostasis sana y bíblica.

Cuando el ser humano hizo fracasar a Jesús

A otro dijo: Sígueme. Pero él dijo: Señor, permíteme que vaya primero a enterrar a mi padre. – Lucas 9:59

En esta ocasión Jesús se encuentra primero con uno que se acerca a Jesús y decide acompañarlo al que Jesús le responde (v. 58): “Las zorras tienen madrigueras y las aves del cielo nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza.” En su caso no hubo iniciativa de Jesús para el llamamiento y no sabemos cómo reaccionó el hombre a las palabras de Jesús, pero en el caso del versículos 59 sí.

Lucas especifica que en el caso del segundo hombre, Jesús mismo toma la iniciativa declarando el imperativo divino “Sígueme”. En este caso no es una invitación, sino un imperativo, de la misma manera como lo fue cuando Jesús le declaró a Lázaro que salga de la tumba. Pero Lucas no nos indica que el hombre inmediatamente se vio atraído irresistiblemente al evangelio y el discipulado. De hecho pasó todo lo contrario, no sólo está ausente la obediencia inmediata como respuesta a una gracia irresistible, sino que incluso hay un efecto negativo.

Para introducir la respuesta del hombre Lucas emplea la conjunción griega «δέ» [εἶπεν δὲ αὐτῷ· = Pero él le dijo] que se traduce como “pero”, “sin embargo”, “en cambio”, “por otro lado”, etc. (Diccionario Manual Griego: griego clásico-español, 1967, pág. 128). Esta conjunción se emplea mayormente en sentido negativo dando a entender que lo que sigue no responde a lo peticionado de la manera que se esperaría. Es decir, la respuesta no es favorable o condicionada. En el caso de este hombre fue condicionada cuando dijo: Señor, permíteme que vaya primero a enterrar a mi padre.

No sabemos si después le siguió o no porque el texto no nos lo dice, pero basta su reacción para saber que el llamado es todo lo contrario a irresistible. Lo mismo sabemos de otras personas que le pusieron condiciones a Jesús para cumplir con su imperativo y claramente Jesús se mostró infeliz con las respuestas. Sabemos de otros casos en los que la respuesta fue inmediata como en Mateo 9:9 dónde dice: Y pasando Jesús de allí, vio a un hombre que estaba sentado al banco de los tributos públicos, el cual se llamaba Mateo; y le dice: Sígueme. Y se levantó, y le siguió.

¿A qué voy con todo esto? Como ya dije, no creo que ningún extremo está bien, y menos cuando se trata de cosas que sobrepasan nuestro entendimiento como lo es el proceso soteriológico. Vemos que hay pasajes para cada postura. Esto sugiere admitir con humildad que no podemos estar 100% seguros de cómo Dios obra su salvación. Sabemos que la obra salvífica se efectúa a través de Jesús, pero no exactamente cómo, es imposible de sistematizarla.

Y quiero animarle a algunos lectores reformados que profesan darle “toda la gloria a Dios” a dejar de pretender saber todo acerca de Dios. ¿Qué gloria le doy a Dios si pretendo entender sus misterios a cabalidad y profundidad a tal punto de creer poderlos sistematizar y determinarlos como una verdad terminante?

No tenemos en la Biblia la preocupación de una soteriología sistematizada, eso es simplemente porque el hombre no sabe cómo obra Dios en todos sus misterios. Él obra según su justicia y su voluntad. Reduciendo y limitando su justicia y obrar a algunos principios terminantes y completamente excluyentes es limitarle a Dios y quitarle autonomía de actuar como él quiere y cuando lo quiere. Y eso es todo lo contrario a darle toda la gloria. Quizá para algunos sea tiempo de devolverle a Dios su deidad reconociendo que no sabemos todo y que de poco nos sirve andar por los extremos.

Con esto no resolví el debate soteriológico, estoy muy consciente de eso porque sería atrevido querer dar una respuesta terminante a un debate que atravesó siglos sin hallar una respuesta bíblica unificada.

Creo que cuando hablamos de la salvación ningún extremo es bíblico, ni el de que Dios determina exclusivamente a los que se salvarán ni que el hombre está al mando absoluto de su salvación. Yo creo que existe una homeostasis, un equilibrio que es imposible de sistematizar por lo que es una gracia “incomprensible” antes que “irresistible”.

Porque la gracia de Dios se ha manifestado, trayendo salvación a todos los hombres, enseñándonos, que negando la impiedad y los deseos mundanos, vivamos en este mundo sobria, justa y piadosamente.

Tito 2:11-12


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