¿Es Israel todavía el pueblo de Dios?

Breve panorama del conflicto israelí-palestino

El conflicto israelí-palestino ha sido el centro de la inestabilidad geo-política en el oriente medio desde la fundación del estado israelí el 14 de Mayo de 1948. A pesar de que las más grandes organizaciones internacionales como la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y naciones soberanas como Estados Unidos públicamente apoyaron la propuesta de una solución de dos estados, los conflictos parecen aumentar cada vez más.

¿De dónde surgió el conflicto? El territorio palestino cayó en una doble promesa por parte del Reino Unido que lo había obtenido tras la Primera Guerra Mundial como parte de la partición del Imperio Otomano bajo el estatus de “territorio bajo mandato”. Bajo la presión de la Sociedad de Naciones que exigía al Reino Unido, en el Mandato Palestino en junio del año 1922, asegurar el establecimiento de un hogar nacional judío en el territorio bajo mandato, los británicos buscaron deshacerse del territorio cumpliendo por un lado con su promesa de territorio dada a los palestinos y por otro lado su responsabilidad de otorgarle un hogar a los judíos. Después de la Gran Revuelta Árabe (1936-1939) y la segunda Guerra Mundial cuando los grupos sionistas se volvían cada vez más fuertes y actuaban con un rencor almacenado por todo el sufrimiento que se les había causado, los británicos procedieron a su retirada en mayo del año 1948 ya cuando la situación se les había escapado de las manos, dejando así a cargo a la ONU que vino a ser la sucesora de la Sociedad de Naciones.

La solución de dos estados fue la propuesta inicial de las naciones unidas en el año 1947 cuando se aprobó la partición de Palestina. Esta partición fue la respuesta al creciente antisemitismo que se vivía en Europa. Después de la segunda Guerra Mundial y los daños que dejó el Holocausto en las crónicas judías, se aprobó la partición de lo que había sido el mandato británico en Palestina, decisión fuertemente rechazada por los palestinos.

La guerra de independencia israelí, también conocida como guerra árabe-israelí, impidió que se concreten los límites de manera pacífica con los palestinos. Tras muchos ataques de invasión con el fin de masacrar a los judíos, los árabes presentes en el ahora Estado Israel perdieron cada vez más tierras. Cuando el Reino Unido se retiró del mandato Palestino en 1948 con la fundación del Estado Israel se retiraron con ello todos los ejércitos suyos. No así sin embrago sus armas. Con la ambición de exterminar a los judíos, los árabes se lanzaron a ciegas en ataques y contraataques buscando masacrar a y recuperar. Los judíos sin embrago supieron defenderse y aumentaron su territorio un 26% más del plan de partición y está ahora en control del 81% de la Palestina de 1947, quedándose la Franja de Gaza en poder Egipcio y Jerusalén en el de Transjordania.

La guerra implicó la expulsión de 750.000 palestinos de los territorios que conformarán el Estado de Israel, evento que en las memorias palestinas es recordado como al-Nakba (árabe: catástrofe). La conmemoración del éxodo palestino se celebra el 15 de mayo cada año y es el más importante entre todos y va acompañado con protestas.

El conflicto hoy en día radica en que Palestina no es considerada como un Estado independiente, lo que significa que los dominios palestinos en zonas como la Franja de Gaza y Cisjordania se consideran asentamientos.

Los inicios del sionismo

Preocupado por el creciente antisemitismo en toda Europa, un periodista llamado Theodor Herzl escribe en el año 1896 “el estado de los judíos” en el que delineó un programa para crear un estado judío. Rápidamente halló seguidores en comunidades judías y organizó así un movimiento político internacional. Tras años de desilusionantes intentos de acercarse y obtener el favor del Sultán turco y su aliado el Káiser alemán, Herzl se dirigió hacia Inglaterra, decisión que resultaría ser un éxito 13 años después de la muerte de Herzl cuando, como especificado en la sección anterior, Inglaterra como parte del estado unitario y soberano del Reino Unido, arrebató Palestina de manos turcos y emitió la Declaración Balfour. En su Declaración Balfour, Inglaterra se comprometió con el establecimiento de un hogar nacional judío en la región palestina.

Herzl escribe en su libro:

“Que se nos dé la soberanía sobre un pedazo de la superficie terrestre que satisfaga nuestras justas necesidades como pueblo; a todo lo demás ya proveeremos nosotros mismos.” (Herzl, 1896, pág. 38)

Un año después de la publicación de su libro se celebra el primer congreso Sionista en Basilea, Suiza, del 29 al 31 de agosto del año 1897. “Teodoro Herzl era el mesías laico de barba negra que nos iba a conducir hasta la tierra prometida”, cuenta uno de los participantes del congreso. Gritos como “el año que viene en Jerusalén” llenaron la sala. En el año 1898, Herzl viaja por primera vez a Egipto y después a Palestina queriendo convencer también a los rabinos de su visión. Los rabinos conservadores, reformistas y ortodoxos se opusieron fervientemente a la propuesta, argumentando que la diáspora era un castigo divino y que solo Dios tenía el poder de retornar los judíos a la tierra prometida con la esperada primera venida del mesías y su intervención política.

Pero Herzl no perseguía una visión religiosa, sino puramente socio-étnica ya que según su análisis (Herzl, 1896, pág. 34), el antisemitismo ya no se da como en tiempos antiguos por razones religiosas, sino por la emancipación judía que defendía sus derechos como iguales en Europa occidental entre 1760-1860. Antes de la emancipación el judío era un extranjero con derechos políticos, económicos, sociales y culturales muy limitados.

“Una Tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra”, con semejante eslogan vinieron los primeros idealistas sionistas de Europa, específicamente Ucrania a comienzos del siglo XX a reclamar tierras suyas, formando Kibutz (comunas agrícolas israelí) y trabajando duro. Desde un inicio, los idealistas fanáticos sionistas decidieron no aceptar ninguna ayuda de parte de los árabes para instalarse. El pueblo árabe en aquellos primeros años no tuvo problemas con el judío en su tierra ni sospechaban lo que se venía. Los primeros sin embargo que rechazaron al otro en el conflicto árabe-israelí fueron los judíos que no aceptaron al palestino en lo que supuestamente era su tierra.

Hasta el año 1908 ya se habían formado casi 15 Kibutz con la intensión de comprar cada vez más tierra y establecerse como un reino autónomo. Recién ahí es donde el árabe empezó a ir en contra del sionismo más que del judío, queriendo prohibir la venta de tierras a judíos. Permitir a los judíos comprarse cada vez más tierra era una misión suicida para la nación árabe.

Como pionero sionista, Herzl y su familia tuvieron que pasar por mucha opresión e inimaginables dolores. El precio del sionismo del temprano siglo XX era muy alto. Su hija menor, Trude, víctima de múltiples enfermedades, fue asesinada el día que fue liberada del hospital por nazis en el campo Theresienstadt. La esposa de Herzl, Julie Naschaver murió de una enfermedad mental. La hija mayor, Paulina, murió por a causa de drogas y su hijo Hans se suicidó el día del entierro de su hermana. A pesar de las interminables acusaciones, las amenazas de muerte y los ataques contra la familia Herzl, el sionismo llegó a establecerse exitosamente y llevó a mediados del siglo XX al establecimiento del Estado Israel.

Herzl, convencido de su visión pidió ser enterrado en Viena, al lado de su padre hasta el día en que el pueblo Israel tenga su propio Estado para ser trasladado entonces a la capital del antiguo pueblo de Dios y ser enterrado allí. En el año 1949, sus restos fueron trasladados al Monte dedicado a su esfuerzo, el monte Herzl en Jerusalén.

Así se dieron los inicios del Sionismo. El movimiento sionista nació de un hombre poco interesado en el valor religioso del territorio que hoy ocupa Israel. Sus motivaciones fueron mayormente etno-céntricos. El Sionismo de hoy en día es lo opuesto. Hay más afecto por la tierra santa por su valor histórico-religioso y no por razones puramente étnicos. Es cierto sin embargo que ha habido un cambio muy notorio en cuanto al trato del mundo hacia los judíos, mayormente del mundo evangélico.

Relación Iglesia-Israel

El conflicto por asuntos judíos no solamente ha tomado carácter geo-político sino también teológico. En las filas de la iglesia se introdujeron teologías e interpretaciones bíblicas que estaban en contraposición de la confesión colectiva. Una de las teologías más destacadas ha sido la así llamada “teología del reemplazo” o “teología de la suplantación” que sostiene que la iglesia ha tomado el lugar de Israel en todos los planes de Dios a partir de pentecostés. Ahora ya no se habla de Israel como nación étnica a la que se refieren las profecías bíblicas de la escatología, sino se habla de la iglesia como el “nuevo Israel”.

Una teología que ha generado mucho debate y rechazo de parte de grupos sionistas y cristianos de corte más conservador. Teólogos, como Martín Lutero, que sostuvieron esa teología, fueron acusados frecuentemente de haber generado el antisemitismo, no solamente religioso sino también étnico. El debate llegó a tal extremo que quien sostiene que Israel ya no cuenta con una bendición especial como nación étnica, frecuentemente es acusado de ser antisemita.

A lo largo de los años se han generado 3 posturas clásicas en torno al debate.

  1. La primera, considerada más conservadora, afirma que Israel sigue teniendo una bendición especial como nación étnica y cuenta con un plan salvífico particular. No pertenecer a la comunidad mesiánica no le cierra las puertas de la vida eterna al judío pues cuenta con la bendición del linaje de Abraham.
  2. La segunda, considerada más liberal, sostiene que la iglesia sustituye a Israel en lo que sigue del plan de Dios con la humanidad. No hay ninguna diferencia ante Dios entre un judío o un no-judío. Dios no sigue bendiciendo de manera especial y particular al Estado de Israel ni les tendrá un trato especial el día del juicio.
  3. La tercera postura ha intentado dar una respuesta más equilibrada, sosteniendo que la salvación, tanto para el judío como para el no-judío va por la sangre de Cristo, pero que Dios le tiene un afecto especial a su pueblo y los tendrá un trato diferente el día del juicio final.

Las preguntas que intentan responder las tres posturas son las siguientes:

  • Los judíos no mesiánicos, ¿forman parte del pueblo de Dios bajo el nuevo pacto por haber sido llamado como pueblo étnico en el Antiguo Testamento?
  • ¿Siguen vigente las bendiciones y promesas de tierras para el pueblo judío actual?
  • El Estado moderno de Israel, ¿ocupa el lugar profético del Israel del Nuevo Testamento?

Algunos argumentos bíblicos usados por los seguidores de la teología del reemplazo son los siguientes:

  1. Ser “hijo de Abraham” significa, según Gálatas 3:29, creer en Jesucristo. Partiendo de esa premisa, ser hijo de Abraham ha de ser interpretado desde un punto de vista espiritual más que étnico.
  2. La promesa de tierra dada a Israel, según Romanos 4:13, ha sido más que nada un paradigma de promesa para los creyentes de recibir la tierra por herencia por la justicia de la fe más que por la ley.
  3. Israel fue la semilla de la que brotó la bendición de Dios para todas las naciones, esa bendición se encuentra en Jesús, salvador de todo el mundo y no solamente de Israel. Cuando nació Jesús y cumplió con la ley, Israel como nación étnica pierde su rol profético y la salvación se extiende a todas las naciones. Ya en el Antiguo Testamento (Mal. 1:1) Dios hace referencia a la universalidad de su plan.
  4. Jesús, hablando a los judíos, afirma en Mateo 21:43: Por tanto os digo, que el reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que produzca los frutos de él.
  5. Pablo afirma en Rom. 2:28-29 que cada creyente nacido del Espíritu es un judío, no por descendencia étnica sino por fe y pertenece al pueblo de Dios.
  6. Las promesas del Antiguo Testamento que no se cumplieron con la venida de Cristo, han de interpretarse simbólicamente para la iglesia (Gal. 4:21-26; Gal. 6:16; Ef. 2:19-22; Heb. 12:22) y ya no para el pueblo judío moderno. Por medio de Jesucristo, las promesas del Antiguo Testamento ahora son para la iglesia porque en Él (Jesús) están todas las promesas según 2 Cor. 1:20.

En años como estos, en donde el afecto por Israel como nación étnica aumenta cada vez más en las filas cristianas, esta postura ha sido muy poco popular. Miles de creyentes a nivel mundial apoyan, no al Estado de Israel, sino a grupos sionistas de del mismo. La mayoría del apoyo financiero en los últimos años que recibió Israel, no ha venido de los bolsillos de los apenas 15.000.000 judíos alrededor del mundo, sino de grandes grupos, mayormente evangélicos, de Estados Unidos. De los 70.000.000 de evangélicos en los Estados Unidos, un 80% apoya a Israel. De esta manera Estados Unidos conforma la comunidad pro-israelí más grande del mundo, pero existen comunidades similares en casi cada país de Latinoamérica, África y Europa.

La comunidad evangélica más grande de Estados Unidos no es como muchos asumen la AIPAC (American Israel Public Affairs Committee), sino la iglesia Cornerstone Church del Pastor John C. Hagee. La mayor parte del dinero recaudado por la iglesia del Pastor Hagee se invierte en la construcción de edificios y organizaciones pro-judías en territorios árabes como lo es Cisjordania y la franja de Gaza.

¿Un eterno conflicto?

Las preguntas para la mayoría de la gente se quedan abiertas y por muchos intentos que han habido de responder satisfactoriamente al conflicto, no solamente geo-político sino también teológico, parece que no hay un acuerdo ni dentro ni fuera de Israel. El conflicto seguirá siendo un aguijón que divide iglesias a la hora de responder a preguntas como ¿sigue Israel como nación santa y con un valor profético? o ¿cómo ayudamos a Israel sin perjudicar a otras personas (árabes) arrebatándoles tierras que les fueron prometidas?

La pregunta que han de plantarse los que siguen sosteniendo que Israel es el pueblo de Dios es: ¿Cómo espera Dios que le ayudemos a Israel? ¿Apoyando a los grupos sionistas o al Estado Israelí? ¿Rechazando a los palestinos? o ¿podemos olvidarnos de ellos en el plan de Dios? ¿Por qué Jesús no demostró interés en devolverle a su propia gente las tierras santas en su tiempo?

Israel
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1 comentario en “¿Es Israel todavía el pueblo de Dios?Añade los tuyos →

  1. Hallo, Thomas! Wenn du es möchtest mehr über Israel zu lernen, schreib mir durch Email und gebe ich dir meine Nummer. Oder wenn du Tonis Nummer noch hast, bittet ihm für meine Nummer.

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