¿CUÁN REFORMADO ERES? │ OPINIÓN

UNA REFLEXIÓN SOBRE LOS ALCANCES Y LIMITACIONES DE LAS CAMISETAS TEOLÓGICAS

 “¿Cuán reformado eres en realidad?” Esta fue la pregunta que me hizo hace unas semanas un amigo muy querido mío. En mi caso particular le podría haber respondido que soy prácticamente un hijo de la reforma protestante, ya que crecí, me bauticé y soy activo ministerialmente en una iglesia con tradición cristiana cuyos inicios se remontan al siglo XVI. Es más, una variedad de autores se refiere a los iniciadores de la tradición anabautista a la cual pertenece mi iglesia, como los “reformadores radicales”. Entonces, podría haberle respondido que por la tradición de fe de mi iglesia soy un cristiano reformado de pura cepa.

Sin embargo, la intención de la pregunta de mi querido amigo era diferente: quería saber si yo me identificaba con el TULIP, los cinco puntos del calvinismo. De que podía levantar el pulgar a postulados teológicos como la depravación total, la elección incondicional, expiación limitada, gracia irresistible, perseverancia de los santos.

Este tipo de preguntas cerradas (cerradas, por su naturaleza; es decir se necesita responder con sí o no) reflejan cierta metodología de hacer teología. Es una metodología sumamente deductiva ya que presenta al receptor de la pregunta cierta doctrina bíblica sintetizada a la cual puede responder confirmándola o negándola. A este acto de identificarse con ciertos postulados teológicos sintetizados quisiera referirme en este artículo como un acto de “ponerse una camiseta teológica”.

Se iniciará con un acercamiento a este término de camiseta teológica. Posteriormente a esto se presentará los alcances y las limitaciones de una teología basada en camisetas. Quiero destacar que este artículo no consiste en una propaganda “Anti-Tulip” o algo similar. Más bien usé este ejemplo introductorio para ilustrar el método del quehacer teológico sobre el cual trata este ensayo. Además, quisiera aclarar que este escrito carece de mucho rigor académico, más bien es un conjunto de ideas y reflexiones mías. 

Iniciaré con un acercamiento conceptual al término “camiseta teológica”. Para el propósito de este escrito, camiseta teológica no es lo mismo que una denominación cristiana. Según el diccionario de Pablo Deiros, una denominación en el ámbito cristiano es una

agrupacion organizada de congregaciones con creencias, eclesiología y liturgia similares. La d es una asociación voluntaria de personas e iglesias de un mismo sentir y parecer, que están unidas sobre la base de creencias comunes con el propósito de lograr objetivos tangibles y definidos. (Deiros, 2006)

Quisiera referirme más bien a la camiseta teológica como un conjunto de doctrinas cerradas y sistematizadas que pretenden interpretar toda la Biblia o parte de la Biblia en cierta manera. En tal caso, la acción de ponerse una camiseta teológica consistiría en adoptar la etiqueta para sí con la cual se identifica esta corriente y, al aprobar la etiqueta o el nombre, implícitamente aprobar la totalidad de los postulados de la misma.

En tal caso se puede hablar de camisetas teológicas como los cesacionistas y continuistas, los calvinistas y arminianos, los premilenialistas, preteristas, postmilenialistas, los conservadores y liberales y así sucesivamente.

Se nota que el campo semántico de la denominación cristiana es quizás bastante similar, sin embargo, no necesariamente lo mismo. Así, por ejemplo, un cristiano de la denominación anabautista puede considerarse conservador o más liberal, puede ser preterista o premilenialista. Es por esto que considero válida – por lo menos para el propósito de este artículo –  una distinción entre estos dos términos.

Prosiguiendo entonces con los alcances de ponerse una camiseta teológica, se tiene que hablar claramente de polarización. Al ponerse alguien una camiseta teológica, se distingue de aquel que tiene otra camiseta teológica. O eres lo uno o eres lo otro.

El cristianismo por naturaleza es una fe que polariza. La Biblia está llena de exhortaciones que animan al pueblo de Dios a distinguirse del resto del mundo. Posteriormente a la caída del hombre en el pecado, el mundo se llenaba de crueldad, egoísmo y sufrimiento. Aún el diluvio y un reinicio de la raza humana no puso fin a la tremenda maldad del hombre.

Pero Dios, en su inmenso amor por su creación escogió para sí un hombre, Abram, a través del cual bendeciría a “todas las familias de la tierra” (Génesis 12:3b). Dios mandó a Abram que se distinga del resto del mundo a través de la señal de circuncisión (Génesis 17:11). De Abram, (más en adelante Abraham) descendió el pueblo Israel, al cual Dios le ordenaba distinguirse del resto de los pueblos: “Santos seréis, porque santo soy yo, Jehová, vuestro Dios.” (Levítico 19:2). Recuérdese que el concepto de santidad estaba no solamente relacionado con cualidades morales distintivos sino con intencional separación para un sentido específico. (Lasor, Hubbard, & Bush, 2004, págs. 150-151)

Pasando el tiempo, Jesús llegó a ser el centro de la soteriología cristiana. Y él mismo, en reacción a una acusación atrevida de parte de los líderes religiosos, afirmaba de sí mismo: “El que no está conmigo, está contra mí; y el que conmigo no recoge, desparrama.” (Mateo 12:30).

La polarización no se observa sólo en relación a la persona de Jesús, sino también en cuanto a asuntos doctrinales en la iglesia primitiva. Pablo exhortaba a los colosenses diciendo: “Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas basadas en las tradiciones de los hombres, conforme a los elementos el mundo, y no según Cristo.” (Colosenses 2:8)

Claramente hubo doctrina correcta y doctrina incorrecta. Por esto Pablo advertía también a Timoteo prediciendo: “vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, sino que, teniendo comezón de oir, se amontonarán maestros conforme a sus propias pasiones, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas.” 2ª Timoteo 4:3-4

Se nota entonces que un relativismo absoluto no tiene lugar en la fe cristiana. Hay verdad y hay mentira, hay doctrina correcta y doctrina falsa. En tal caso, las camisetas teológicas pueden brindar orientación en cuanto a asuntos centrales de la fe cristiana, al ser, p.e. el ser humano ante Dios, el pecado, la iglesia, la redención, los dones espirituales, etc.

Se evidencia entonces la importancia y utilidad de camisetas teológicas entre cristianos, porque proveen al creyente de respuestas sintetizadas a preguntas complicadas y profundas. El individuo creyente ya no necesita realizar un estudio bíblico tan profundo; esto ya lo han hecho otras personas para él. Y estas personas se ocupan de exponer los postulados distintivos de su camiseta teológica, confirmándolos con citas bíblicas y él sólo necesita levantar el pulgar si se le convence.

¿Cuáles son las limitaciones de una teología basada en camisetas? ¿Por qué entonces no podemos limitar nuestro propio quehacer teológico a esto: “ponernos cierta camiseta y ya está”? Pues, siguen algunas reflexiones también al respecto de esto.

En primer lugar, es resaltante notar que existe cierto tipo de polarización que se condena claramente en la Biblia. Sobre todo, si traen división al cuerpo de Cristo. Un claro ejemplo se encuentra en la primera epístola de Pablo a los corintios. Ellos también se habían puesto sus respectivas camisetas teológicas.

Había en la iglesia local “los de Pablo” y “los de Apolos” (1ª Corintios 3:1-5). A qué exactamente se referían los creyentes al preferir o el uno o el otro, no lo especifica en autor inspirado, pero sí claramente aclara que esta disputa teológica era totalmente innecesaria, aún más, era una señal de la carnalidad e inmadurez espiritual de los cristianos corintios.

Este ejemplo bíblico nos conduce a la primera limitación potencial de cualquier camiseta teológica: pueden causar divisiones innecesarias e incitar a disputas carnales entre los creyentes. Creo poder destacar que lo último sobre todo pasa si uno busca persuadir al prójimo de su camiseta teológica a través de un método deductivo, es decir partiendo de la etiqueta y no de la Biblia en sí, de la cual ha de partir toda intención de persuasión doctrinal.

Fue aparentemente esto lo que pasó en la ciudad antigua de Corinto. Los creyentes comenzaron a definirse por etiquetas y descuidaban la base vital de toda escritura: Dios el cual daba el crecimiento en la vida espiritual y Jesús que era el fundamento de toda fe cristiana (1ª Corintios 3:8)

Seguimos con una segunda limitación potencial de una teología basada en camisetas: está relacionada con el mismo origen de la misma. Por naturaleza el ser humano necesita de esquemas para poder entender el mundo alrededor de sí mismo. Este paradigma se ha ido consolidando sobre todo a lo largo del siglo XX con pensadores brillantes como Piaget, Vygotsky, etc.

No es diferente en el campo de la metafísica o la teología. Entendemos mejor la voluntad de Dios si la sistematizamos. Y si hacemos una revisión sincera de la historia del cristianismo, descubriremos que la teología sistematizada siempre estaba ligada a su contexto socio-cultural. Anaut lo formula de la siguiente manera:

Como sucede con todo esfuerzo reflexivo, la teología es un saber necesariamente contextual. Esto quiere decir que ningún discurso sobre la fe se da en un estado puro, o sea, prescindiendo de toda relación con la realidad en que se sitúa el teólogo y en consecuencia con el contexto socio-cultural concreto dentro del cual ese discurso se construye. (Anaut, 2011, pág. 7)

Este hecho no necesita restarle autoridad a la Palabra de Dios. De hecho, el Dios soberano, creador del universo optó por revelarse en un contexto histórico determinado, enviando a su hijo a nacer en un pueblo determinado, el cual explicó el camino a la vida eterna usando analogías contemporáneas y murió expiando los pecados de muchos con una muerte que era propia de un criminal en el imperio romano.

Entonces, ¿por qué esto es una limitación de una teología basada en camisetas? Porque nos recuerda de que cualquier sistematización teológica – es decir, cualquier camiseta teológica –  respondió a ciertas necesidades contextuales y está enmarcada en ciertos fundamentos filosóficos y epistemológicos. Uno necesita preguntarse si los problemas / preguntas que impulsaban la formación de cierta camiseta teológica son los mismos hoy en día o si hay necesidades más urgentes en el mundo cristiano. Ningún esquema extra-bíblico puede ser la Palabra de Dios, por tanto, no puede ser la última instancia a la cual recurrir. Si queremos aferrarnos a la fe bíblica, necesitamos aferrarnos a la fuente misma y no a los intentos de sistematización en primer lugar.

Por esta misma razón, en mi opinión, uno no necesita ser anabautista para enfatizar la necesidad de un discipulado abnegado, uno no necesita ser auto-etiquetarse como conservador para creer en la autoridad bíblica, ni necesita auto-denominarse calvinista para dar la gloria a Dios por la propia justificación. Las verdades bíblicas no son adheridas a etiquetas de camisetas teológicas, sino han de guiar al ser humano en hacia una relación con Dios.

Es por esto también que considero falso el pensamiento de que todo cristiano necesita asumir una postura absoluta en todas las discusiones teológicas. Vuelvo a recalcar como lo dije arriba, hay ciertos asuntos – que tienen que discernirse sabiamente – en los cuales un honesto discípulo de Cristo necesita asumir una postura, pero otras en las cuales es innecesario o de valor secundario.

Terminamos con una tercera limitación potencial de un quehacer teológico basado en camisetas: para tal fin quiero introducir 2 términos que me ayudarán a ilustrar lo que pretendo explicar: verdad ontológica y verdad abarcativa.

La verdad ontológica, para el propósito de este artículo se referirá a una verdad que es ontológicamente correcta. Es un postulado “per se” verídico. La verdad abarcativa es una verdad que contiene un argumento verídico y cerrado en sí mismo.

Permítame dar algunos ejemplos: Una verdad ontológica basada en la Biblia sería: “Jehová es el Dios de los judíos”. Pues bíblicamente es cierto. Jehová es Dios de los judíos. Pero esta verdad ontológica no es una verdad abarcativa, porque no incluye toda la verdad. Jehová es el Dios de los judíos, pero también Dios de los no-judíos.

Por esto, en el contexto de la teología cristiana no toda verdad ontológica es una verdad abarcativa y la verdad abarcativa contiene a veces varias verdades ontológicas apoyadas en el texto bíblico, que según criterios humanos podrán aparentemente contradecirse. Se puede mencionar la aparente contradicción entre los escritos paulinos y la carta de Santiago.

De esta manera, se puede hablar de una verdad abarcativa al decir: Dios creó el universo. Por lo menos en los círculos de los cristianos con algún rasgo conservador, esta sería una verdad cerrada en sí mismo, aunque puede haber diferencias en cuanto a la manera en la cual Dios creó el universo.

¿Por qué hice esta escapatoria al campo de la epistemología? Para ilustrarnos un simple hecho: es muy probable que una camiseta teológica contenga una gran cantidad de verdades ontológicas pero que el conjunto de estas verdades ontológicas no siempre corresponde a una verdad totalmente abarcativa.

Ejemplificándolo con afirmación del área de la escatología se podría afirmar lo siguiente: La Biblia enseña que los cristianos serán llevados a través de un rapto a la presencia del Señor. Es definitivamente cierto, Pablo anuncia la resurrección de los muertos y el posterior arrebatamiento de los fieles en 1ª Tesalonicenses 4, 17. Es una verdad ontológica sobre la cual se puede construir toda una teoría escatológica. Sin embargo, si uno se limita a este texto para proponer una camiseta teológica abarcativa, podrá chocar con la opinión de otros teólogos sinceros que llegaron a otras conclusiones teológicas en cuanto a la escatología cristiana.

Esto nos conduce a la pregunta válida: ¿Será que la Biblia tiene el propósito de proveernos verdades abarcativas para todas nuestras preguntas? De hecho, como arriba ya lo había mencionado, lo hace en cuanto a ciertos temas. Definitivamente encontramos respuestas bien concretas para una multitud de preguntas y sobre todo para las preguntas concernientes a la salvación del género humano y su desempeño moral en su vida terrenal.

Aun así Pablo admitía que por ahora conocía “en parte” pero después, al estar con Dios, conocería de la misma manera como él fue conocido por Dios (1ª Corintios 13:12).

¿Por qué no podemos simplemente contentarnos con predicar, sobre la base de una sólida exégesis y un sincero estudio bíblico, las diferentes verdades ontológicas que aparecen a lo largo de este hermoso conjunto de libros inspirados por el Espíritu Santo?

¿Acaso la Biblia sólo es “útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia” cuando se la interpreta dentro del marco de una camiseta teológica? Yo me atrevería a una respuesta negativa.

Quiero concluir con algunas reflexiones finales.

En primer lugar, este artículo buscaba invitarnos a hacer uso sabio de una actividad teológica basada en camisetas. La Biblia demanda de nosotros que nos identifiquemos como seguidores de Cristo y sobre todo a través de un amor mutuo genuino (Juan 13:35; Romanos 12:9). Necesitamos sabiduría y una actitud de diligencia para poder resistir a cualquier doctrina humana y anti-bíblica, pero evitar cualquier disputa carnal, arrogante e innecesaria.

Considero que una teología que primordialmente se basa en ciertas camisetas es una teología simplista y – por qué no decirlo – en mi opinión, un poco perezosa. Partamos de la fuente y no de la sistematización de la fuente, de la palabra inspirada en vez del resumen de ella.

Nos exhorto a lo siguiente: antes – no necesariamente en vez de, pero antes – de preguntar “¿cuán reformado eres?”, “¿cuán liberal eres?” “¿cuán conservador eres?”, que preguntemos: “¿te gustaría estudiar la Biblia conmigo?” “¿cómo interpretas este pasaje en su contexto?” “¿a qué conclusión llegaste?” “¿cómo piensas que puedo mejorar en mi ministerio?” “¿Puedo orar por ti?”, etc.

Y, para terminar, permítanme expresar que pienso que el centro de toda epistemología cristiana ha de ser aquel que dijo de sí mismo: “YO soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por mí.” La sagrada ἀλήθεια se encuentra en la persona de Jesús, en lo que él dijo, hizo y era.

Espero crecer aún mucho más en el conocimiento de esta verdad.

Trabajos citados

Anaut, M. (2011). Por una teología débil. Carth(27), 7-25.

Deiros, P. A. (2006). Diccionario Hispano-Americano de la misión . Bellingham, WA: Logos Research Systems.

Lasor, W. S., Hubbard, D. A., & Bush, F. W. (2004). Panorama del Antiguo Testamento: Mensaje, forma y trasfondo del Antiguo Testamento. Grand Rapids, Michigan, EEUU: Libros Desafío.

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